16/9/07

LOS NIÑOS CRISTAL - PART.1

LOS NIÑOS
DE CRISTAL
"DOREEN VIRTUE"


Una guía para conocer la nueva generación de niños sensitivos e intuitivos

INTRODUCCIÓN
¿QUIÉNES SON LOS NIÑOS DE CRISTAL?


Los ojos son lo primero que llama la atención de los Niños de Cristal (que también llamaré «Cristales»). Son grandes, penetrantes y más sabios de lo que correspon­de a su edad. Esos ojos se clavan hipnóticamente en los de uno mientras el alma se desnuda para ser vista con toda claridad por estos niños.
Puede que usted ya haya tenido algún contacto con esta nueva «raza» tan especial de niños que está vinien­do cada vez con más frecuencia a nuestro planeta. Son felices, encantadores y perdonan todo. Estos nuevos tra­bajadores de luz tienen actualmente de cero a siete años aproximadamente y son bastante diferentes que la generación anterior. Son perfectos en muchos aspectos y nos indican hacia dónde se está encaminando la humani­dad. ¡Y es una dirección muy positiva!
Los niños mayores (entre siete y veinticinco años) son los llamados «Niños Índigo» que comparten algunas características con los Cristales. Ambas generaciones son altamente sensitivas e intuitivas y tienen misiones vitales importantes. Pero la mayor diferencia consiste en su temperamento. Los Índigo tienen un espíritu guerrero, ya que su propósito colectivo es acabar con las viejas es­tructuras que ya no nos sirven. Están aquí para demoler sistemas gubernamentales, educacionales y legales que carecen de integridad. Para poder alcanzar esta meta ne­cesitan mucha pasión y una determinación férrea.
Aquellos adultos que se resisten al cambio y que apre­cian el conformismo, pueden malinterpretar a los Índigo. Con frecuencia se les etiqueta erróneamente con el diag­nóstico psiquiátrico de Síndrome de Déficit de Atención con Desórdenes de Hiperactividad (SDADH) o Sín­drome de Déficit de Atención (SDA). Lamentablemente, cuando se les medica muchos Índigo pierden su maravi­llosa sensibilidad y sus regalos espirituales junto con su espíritu guerrero. He hablado explícitamente de los Niños Índigo en mi libro The Care and Feeding of Indigo Children; y también Lee Carroll y Jan Tober han explorado a fondo este tema en su libro Los Niños Índigo (edi­tado por Ediciones Obelisco).


Los Niños de Cristal son todo lo contrario, son feli­ces y tienen un talante equilibrado. Claro está que tam­bién ellos pueden tener de vez en cuando una pataleta, pero por regla general son niños que perdonan fácilmente y no son difíciles en el trato. Los Cristales son la generación que se beneficia del camino abierto «a patada limpia» por los Índigo. Primero vinieron los Índigo para eliminar a base de machete todo aquello que carece de integridad. Después han venido los Niños de Cristal para seguir por un camino transparente hacia un mundo más seguro y sólido.
Los términos Índigo y Cristal fueron destinados a estas dos generaciones porque describen acertadamente los colores de sus auras y patrones energéticos. Los Niños Índigo tienen una gran cantidad de color azul-índigo en sus auras. Este es el color del «chakra del tercer ojo» que es un centro energético en el interior de la cabeza y su parte externa se suele situar en el entrecejo. Este chakra regula la clarividencia o la habilidad de ver la energía, tener visiones y ver a los espíritus. Muchos de los Niños Índigo tienen ese don.
Los Niños de Cristal tienen bellas auras multicolores, opalescentes, con leves toques de colores pastel, algo así como ver un cristal de cuarzo a través de un prisma. Esta generación también siente una gran fascinación por los cuarzos y las rocas, una atracción de la que hablaremos más adelante en este libro. De ahí su nombre: «Niños de Cristal».

Las características de los Niños de Cristal son las si­guientes:

*Por regla general han nacido de 1995 en adelante.
*Tienen ojos grandes con una mirada intensa.
*Tienen personalidades atrayentes.
*Son muy cariñosos.
*Comienzan a hablar muy tarde en la infancia.
*Tienen un gran sentido musical y puede que empie­cen a cantar antes que hablar.
*Para comunicarse, utilizan la telepatía y un lenguaje de señas que se han inventado ellos mismos.
*Son fácilmente diagnosticados como autistas o con el síndrome de Asperger.
*Son emocionalmente equilibrados, dulces y amorosos.
*Perdonan fácilmente a los demás.
*Son altamente sensitivos y empáticos
*Se sienten muy conectados con la naturaleza y los animales.
*Muestran habilidades para la sanación.
*Poseen un gran interés por los cristales y las rocas.
*Hablan con frecuencia de ángeles, guías espirituales y retienen memorias de vidas pasadas.
*Son grandes artistas y muy creativos.
*Prefieren comida vegetariana y zumos de fruta a la comida «normal».
*Suelen tener un increíble sentido de equilibrio y pue­den llegar a ser exploradores y escaladores valientes.

Niños para el cambio de milenio

Era en el año 1995 cuando muchos de nosotros sentía­mos una angustiosa inquietud en nuestras entrañas. Pegados aún a los talones de los años ochenta, tan ma­terialistas, muchos estábamos buscando un sentido a la vida y una manera de ayudar al bienestar del mundo. Fue el comienzo de un renacimiento espiritual, ya que aprendimos a mirar hacia dentro para encontrar respues­tas y satisfacciones.
En aquel año hubo un gran número de personas que tuvo experiencias profundamente espirituales. Yo soy la primera en saberlo: era el 15 de Julio de 1995 cuando la fuerte y determinada voz de un ángel me ayudó a escapar sana y salva de un intento de robo de coche a mano armada. Desde aquella experiencia he dedicado mi vida a enseñar a otros lo que sé sobre espiritualidad. Me he encontrado en el mundo entero con muchas per­sonas que aquel mismo año también tuvieron una lla­mada importante de despertar. No es por lo tanto nada extraño que los Niños de Cristal comenzaran a llegar en aquella época. Supieron que por fin los adultos estaban preparados para soportar su vibración superior y su con­cepto de integridad. Ya existían algunos Niños de Cristal en el planeta. Eran la avanzadilla, la primera generación de Cristales que había venido para analizar la situación e informar a su hogar mediante transmi­siones efectuadas durante el sueño. Esta avanzadilla fue la que señaló el año 1995 como idóneo para la lle­gada de bebés de alto nivel vibratorio. El número de Cristales que nace va en aumento y la «cosecha» anual de Niños de Cristal, recién nacidos, demuestra que también sus habilidades espirituales son cada vez más amplias.

Dones malinterpretados

Como ya he afirmado, la generación anterior a los Niños de Cristal eran los Niños Índigo que son los que prepa­ran el camino. Uno de los dones espirituales de los Índigo es su increíble aptitud de «oler», al igual que un perro que siente el miedo en otros, la falta de honesti­dad. Los Índigo saben cuándo se les miente, cuándo se les intenta manipular o mantener bajo tutela. El detector de mentiras interior de los Índigo funciona a la perfección, ya que su cometido colectivo consiste en implantar un Nuevo Mundo de integridad. No obstante, algunos adul­tos se sienten amenazados por ese espíritu guerrero y a eso hay que añadir que los Índigo son incapaces de conformarse con situaciones injustas y no importa si se dan en su propia casa, en el trabajo o en el colegio. No son capaces de distanciarse de sus emociones pretendiendo que todo va bien... a no ser que se les medique o estén sedados.
Los dones espirituales innatos de los Niños de Cristal también son malinterpretados, especialmente su talento para la telepatía, que con frecuencia hace que comien­cen a hablar mucho más tarde que la mayoría de los pe­queños de la misma edad.
En el Nuevo Mundo que los Índigo están establecien­do, todos seremos más conscientes de nuestros pensa­mientos y sentimientos intuitivos; dejaremos de dar tanta importancia a la palabra hablada o escrita. La co­municación será mucho más rápida, más directa y más honesta, ya que se producirá de mente-a-mente. Cada vez somos más los que estamos estableciendo contacto con nuestras habilidades psíquicas. Nunca hubo tanto interés en los temas paranormales tal como lo demues­tra la gran cantidad de libros, reportajes televisivos y pe­lículas que tratan de esos asuntos.
Por todo ello no es sorprendente que la generación que sigue a los Índigo sea extraordinariamente telepáti­ca. Como ya se ha mencionado más arriba, muchos de los Niños de Cristal muestran un retraso en los comien­zos del habla y no es extraño que no sea hasta los tres o cuatro años cuando empiezan a hablar. Sin embargo, los padres no tienen ninguna dificultad en comunicarse con sus hijos silenciosos, todo lo contrario. Los padres esta­blecen una comunicación de mente-a-mente con sus Niños de Cristal; y los Cristales utilizan una combina­ción de telepatía y lenguaje de señas que se han inven­tado ellos mismos, además de sonidos (incluso cancio­nes) para hacerse entender.


El problema comienza cuando los profesionales de la medicina o educación empiezan a juzgarles, indicando que tienen patrones «anormales» de habla. No es una coincidencia que el número de diagnósticos de autismo esté batiendo récords desde que nacen cada vez más Cristales.
Bien es cierto que los Niños de Cristal son diferentes con respecto a otras generaciones, pero ¿por qué vemos estas diferencias como patologías? Si estos niños se co­munican perfectamente en su casa y si los padres no tie­nen ningún problema con ellos... ¿por qué creamos pro­blemas donde no los hay?
El criterio para diagnosticar el autismo es muy claro: el autista vive en su mundo y está desconectado de los demás. El autista no habla debido a una indiferencia con respecto a la comunicación con los demás.
Con los Niños de Cristal sucede más bien todo lo contrario. Tal como leerá más adelante, es la generación más conectada, comunicativa, cuidadora y cariñosa entre todas las anteriores. También tienen dones filosóficos y espirituales, mostrando un despliegue sin precedentes de amabilidad y sensibilidad. Yo, por ejemplo, recibo más historias de las que caben en este libro de Niños de Cristal que abrazan espontáneamente a gente necesitada. ¡Una persona autista jamás haría eso!
Existen muchos relatos de personajes históricos que co­menzaron a hablar muy tarde siendo Albert Einstein uno de los más famosos. Maja, hermana de Einstein, comentó que su brillante hermano no comenzó a hablar hasta tener más de dos años. De acuerdo con U.S. News & World Report (9 de Diciembre de 2002), la primera frase que pronunció Einstein fue para quejarse de que la leche estaba demasiado caliente. Sus sorprendidos padres le preguntaron por qué no había hablado antes y el pequeño genio dijo supuestamente: «Porque hasta ahora todo estaba perfecto».
En mi libro The Care and Feeding of Indigo Children escribí que las siglas SDADH deberían indicar «Síndrome de Atención fijada en una Dimensión Superior». De esta manera se describiría más correctamente a esta genera­ción de niños. En la misma línea se puede decir que la denominación «Niños de Cristal» no es un sinónimo de autistas. ¡No son autistas, más bien infunden miedo!


Es cierto, estos niños infunden miedo pero no por ello hay que colocarles etiquetas de disfunciones. En el caso de que existan disfunciones, habrá que buscarlas más bien en el sistema, un sistema que no es capaz de acomodar la evolución continua de la especie humana. Si avergonzamos a estos niños con etiquetas o les medi­camos hasta someterles, habremos desperdiciado un regalo del cielo, destrozaríamos una civilización antes de que pudiera enraizarse. Afortunadamente existen muchas soluciones positivas y alternativas. El mismo cielo que nos ha mandado a estos Niños de Cristal también ayudará a aquellos que los defendemos.

El por qué y el cómo de este libro

La primera vez que me di cuenta de la existencia de los Niños de Cristal fue viajando por el mundo dando semi­narios sobre ángeles. Me llamaban la atención los ojos de los Cristales y sus atractivas personalidades. Mantuve conversaciones mentales con estos niños y pude escu­char claramente sus respuestas a mis preguntas telepáti­cas. Observé como sonreían a modo de contestación a mis cumplidos enviados mentalmente. ¡Me di cuenta de que estos niños podían leer mis pensamientos!
A lo largo de los años siguientes, entrevisté a niños y padres para mi libro The Care and Feeding of Indigo Children, ya que siempre me ha fascinado encontrar pa­trones de comportamiento humano. A pesar de que cada uno de nosotros sea tan único como un copo de nieve, también éste tiene ciertas cosas en común con los demás. Me di cuenta de que los Niños Índigo compar­ten determinadas características descritas anteriormente. Pero mis investigaciones con respecto a los Niños de Cristal tomaron caminos aún más interesantes.
Durante esa época recibí cinco o seis lecturas psíquicas no solicitadas de estudiantes y asociados psíquicos, en las que todas coincidían en lo mismo: «veían» que yo estaba embarazada de un niño muy especial. Pues bien, yo no estaba embarazada; no obstante, ahora sé que mis amigos psíquicos estaban viendo a los Niños de Cristal que revo­lotearon a mi alrededor. Los Cristales me estaban envian­do el mensaje de que querían estar incluidos en este libro.
Me encontré enamorándome de cada Niño de Cristal que conocí. Los corazones de esos niños estaban tan abiertos y amorosos y se parecían mucho al ángel con el que yo estaba contacto. Sentí que no eran pretenciosos y que no retenían información alguna. Yo me iría a dormir pensando en estos niños y despertándome al día siguiente con un cúmulo de información transmitida por el mundo espiritual mientras dormía (¿tal vez por los propios Niños de Cristal?).

No es una coincidencia que el número de diagnósticos de autismo
esté batiendo récords desde que nacen cada vez más Cristales


¡Cada mañana me despertaba sabiendo más cosas sobre los Niños de Cristal que antes de acostarme la noche anterior! Comencé a hablar en público de los Cristales y me encontré con una audiencia muy recepti­va. Muchas personas que me escucharon eran padres, abuelos o educadores de estos jóvenes tan especiales. Ellos reconocieron al instante las características de sus hijos conforme yo las describía.
De modo que comencé a pedir a cuantos acudían a mis seminarios y conferencias y a los suscriptores de mi boletín que rellenasen un cuestionario referente a los Cristales. Al cabo de un sólo día recibí cientos de respuestas. Para el libro que tiene en sus manos, revisé nu­merosas historias enviadas por la gente que está criando y educando a estos niños tan extraordinarios.
Mientras investigué los resultados de mi encuesta, ocurrieron dos cosas: Primero, sentí que mi corazón se llenaba de amor y gratitud. El mero hecho de leer estas historias hacía que me sintiera como si estuviera en pre­sencia de poderosos ángeles. Tuve una sensación de éxta­sis al reconocer la presencia de estos maravillosos niños en nuestro planeta. Al mismo tiempo también me sentí segura con respecto a nuestro futuro colectivo. Dios no enviaría a esta «raza» de humanos tan especiales a la Tierra si estuviéramos a punto de perecer como civiliza­ción o como planeta. Al igual que el ser humano ha evo­lucionado desde una figura parecida a un mono, los Niños de Cristal aportan una clara evidencia de que, visto desde la perspectiva evolutiva, estamos progresando.


Segundo, encontré claramente si se me permite, 'claro como el cristal' patrones en cada encuesta contestada. Leí docenas de historias similares referentes a los Niños de Cristal; sus relaciones con animales, plantas, rocas y per­sonas mayores, por ejemplo. Me encontré con muchas historias que relataban de manera increíblemente simila­res la comunicación telepática que mantenían esos niños con sus padres... obviando la comunicación verbal.
Muchos padres me contaron: «Yo no veía a mi hijo re­flejado en las características de los Niños Índigo. Mi pe­queño/a es diferente. Sin embargo, en el perfil de los Niños de Cristal encaja a la perfección».
La mayoría de los padres hablaban de relaciones feli­ces con sus Niños de Cristal, exceptuando algunos pocos conflictos. Escuché como padres y abuelos en el mundo entero se referían a sus Cristales como «ángeles», «el amor de mi vida», «la auténtica alegría», etc.
Igualmente me di cuenta de que no sólo los Niños de Cristal eran profundamente espirituales, sino también lo eran sus padres. Obviamente, las almas de los Cristales elegían a madres y padres capaces de criarles en un entorno amoroso y espiritual. Sólo ocasionalmente me he encon­trado con niños que tenían padres «dormidos» a ese nivel. En estos casos sus abuelos eran trabajadores de luz altamente evolucionados que podían salvaguardar y proteger el conocimiento y los dones espirituales de esos niños. La mayoría de padres me contaban que sus Niños de Cristal eran maravillosos maestros espirituales que les enseñaban a ser excepcionalmente amorosos y amables.


En una conferencia sobre los Niños de Cristal en Sydney (Australia), a la hora de comer, Reid Tracy, el presidente de Ediciones Hay House (que estaba vendiendo otros libros míos) me preguntó: «¿Qué pasa con este libro del que todos hablan? Todo el mundo quiere com­prar el libro que trata de los Niños de Cristal».
Me reí y le contesté que aún no existía tal libro; sencillamente estaba recabando información a través de entrevistas y mis propias canalizaciones. Reid me contestó: «Es obvio que quieren este libro. ¿Lo escribirás?» Sin dudarlo ni un sólo momento le dije: «Sí, claro que sí». El resultado de esta decisión es este nuevo libro que tiene ahora en sus manos.
Espero que este libro sea para usted y su Niño de Cristal una guía, ya sea usted padre o madre o futuro/a padre y madre, abuelo o abuela, educador/a o trabajadora social o sencillamente alguien que está interesado en niños y en temas espirituales.

DOREEN VIRTUE
Laguna Beach (California)

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